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“To be on the wire is life; the rest is waiting.”

All That Jazz (1979)

Finalmente había llegado el ansiado día del estreno.

Increíblemente ya habían pasado esos meses que parecían eternos desde que su padre había decidido reabrir el teatro.

Y nada menos que con el estreno de la obra de Brenda, su adorada y talentosa hija.

Lucy pensaba en su hermana mayor como la estrella de la familia. Definitivamente había nacido para brillar en los escenarios. Siempre se había destacado en las obras escolares y todo concurso de canto y baile en el que había participado.

Pero no sólo eso, también le gustaba escribir y componer personajes. Le insistía a Lucy para hacer juntas los diálogos de los guiones que inventaba. Y ella aceptaba porque le fascinaba ver a Brenda actuar, pero su pasión no estaba ahí, sino el vestuario.

En la maravilla que veía en los trajes, en las telas, las infinitas posibilidades de crear cualquier cosa que imaginara, tal como hacía su madre desde que ellas recordaran, en esa infancia feliz entre bastidores.

Así, jugando a crear el vestuario para las obras que inventaba su hermana había ido adquiriendo la habilidad de diseñar y confeccionar hasta su propia ropa. Luego vinieron los años de estudio, abrir su propia tienda, Juan, los melli…

Pero aunque seguían siendo muy unidos, lejos habían quedado esos años en que los cuatro pasaban más tiempo en el teatro, ese lugar mágico heredado del abuelo, que en la casa familiar.

Perder a su madre había sido un golpe durísimo para todos pero para su padre había significado años de depresión y lógicamente, dejar caer el teatro.

Por eso hoy era día de fiesta para los tres. Sólo ellos sabían lo que significaba esta nueva apertura. Sólo Brenda sabía lo que había trabajado en este unipersonal, en los personajes que había compuesto, en las horas de ensayo, en los años de estudio, de preparación…

Por eso habían hecho toda la publicidad posible para que el estreno fuera grandioso. Para que el teatro explotara de gente y de prensa. O al menos todo lo que estaba a su alcance.

Claro que la noche de Buenos Aires no era como antes… La oferta de espectáculos era extensa y variada. Había tanta publicidad de tantas cosas que saber si realmente alguien se había enterado del acontecimiento era, en verdad, algo difícil.

Lo cierto es que no habían tenido casi venta previa… Pero bueno, la gente estaba siempre muy ocupada, y seguramente comprarían la entrada esa misma noche.

Brenda estaba en el camarín terminando de maquillarse y pensando en Gwen Verdon, la afamada estrella de Broadway, que había inspirado a su padre para elegirle el nombre, tratando de imaginar que habría sentido ella y su compañero, el genial Bob Fosse, el día del estreno de Chicago.

Tan absorta estaba en sus pensamientos que tardó en entender lo que su hermana intentaba decirle.

Era la hora y sólo había diez personas en la sala.

El gran estreno soñado se desdibujaba como el rimel que corría ahora por su mejilla mojada.

Y cuando Lucy sentía que esta vez no podría sostener nada ni a nadie porque ella misma tenía el corazón de su hermana y de su padre doliéndole en el pecho, fue él quien entró con una calma impensada y con la voz firme y serena, como si fuera la de su madre y la suya propia, pero en una sola, y les dijo:

Hoy hay estreno.

Y mañana también.

Y el próximo fin de semana, y el otro, y el que sigue.

Tenemos la fortuna y la responsabilidad de tener un teatro maravilloso, la mejor obra que se haya escrito, la mejor actriz, la mejor vestuarista y el mejor equipo para hacerla todas noches que queramos. Porque esto… Esto es lo que amamos.

Y cuando estas diez personas lo sepan, no tengo dudas… van a contárselo a sus amigos.

Así que, como diría su madre: Vamos chicas, la función va a comenzar.

Fuera luces… y telón!

***

Lights on Broadway is a painting by Leonardo Ruggieri 

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